Un 5-0 en semifinal, ¡qué doloroso!

Fue el peor partido de Bolívar de los últimos tiempos. Trajo de regreso a la memoria aquellos malos recuerdos no tan lejanos, por ejemplo, el 8-0 que le propinó el brasileño Santos en 2012 y lo vapuleó en octavos, o el 5-0 del Sao Paulo en la primera fase de 2013, resultados que no le dieron chance para avanzar.

Anoche fue 5-0, paliza a cargo de San Lorenzo y muy dolorosa por cierto, porque llega en semifinales de esta Libertadores, cuando los bolivaristas estaban ilusionados con ver a su equipo llegar a la final e incluso festejar el título.

Ninguna línea se salva de la crítica, empezando por el arquero, porque Romel Quiñónez tuvo parte de culpa en por lo menos dos goles. Qué mal parado estuvo, qué desafortunadas salidas tuvo.

La estructura defensiva, aquella que fue un baluarte en las visitas anteriores y tuvo mucho que ver para instalar al equipo en las semifinales de la Copa, otorgó su peor desempeño, y San Lorenzo aprovechó muy bien esos errores-regalos. Por ello, la serie está sentenciada, o casi.

El equipo no tomó nunca las marcas, atrás rondó el desconcierto: tres goles los recibió de pelota parada y los otros dos fueron por malas salidas cuando el equipo tenía la pelota en su poder. En el primer tanto, Luis Gutiérrez habilitó a un rival, mientras que los otros dos centrales dejaron cabecear a Mauro Matos.

El segundo tuvo el mismo guión, la diferencia fue que esta vez el centro del tiro libre mandado por Leandro Romagnoli salió desde el costado derecho. Los delanteros de San Lorenzo arrastraron las marcas y ningún celeste se preocupó por Emmanuel Mas. El arquero dudó entre salir o quedarse y reaccionó tarde. En el segundo tiempo pareció que el trámite se nivelaba, Bolívar se animó, pero fueron espejismos.

José Luis Chávez y Ronald Eguino propiciaron las dos únicas opciones de gol, sobre todo el zaguero, con un cabezazo desviado. Esos fueron los momentos en los que el equipo de Xabier Azkargorta buscó revertir la situación.

Pero el golpe del nocaut lo dio Juan Mercier, quien recuperó el balón en el medio, dejó partido al visitante y encaró, quiso habilitar a un compañero, más bien recibió la devolución de Luis Gutiérrez, éste en su afán de despejar.

La goleada (5-0) y el virtual pasaporte a la final —salvo que ocurra un milagro dentro de una semana en el estadio Hernando Siles— llegaron con los aciertos de Julio Buffarini y de nuevo Mas. En el cuarto gol, Cabrera sacó largo desde el área y le regaló la pelota al rival, que se mandó un golazo con un gran tiro. Hizo lo que quiso sin que nadie se animara a achicar espacios.

En el quinto, Mas aprovechó de nuevo la débil marca celeste en otra acción de tiro libre, ahora enviado por Barrientos. El goleador se anticipó a Yecerotte y alcanzó a desviar la pelota hasta el palo más lejano del cuidapalos.

Si de mitad para atrás Bolívar fue nulo, ni qué decir hacia adelante. En sus anteriores partidos de la Copa, ordenado y con buenas jugadas, o de contragolpe, siempre hizo daño. Ayer nada. ¿Extrañó a William Ferreira? Lo cierto es que ni Rodas ni Tenorio calzaron en esa posición, de paso Callejón y Arce estuvieron perdidos. Fue su peor noche.
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